Cuando termina el verano, es fácil pensar que la piscina ya no necesita atención hasta la próxima temporada. Pero cómo la cierres ahora es justo lo que va a determinar en qué estado te la encuentres el año que viene. Un cierre mal hecho es la causa más habitual de que, al llegar mayo, te encuentres con agua verde, gresite dañado o incluso grietas nuevas que no estaban en septiembre.
Te contamos, paso a paso, cómo preparar una piscina para que llegue el próximo verano lista para usarse sin sorpresas.
Por qué el cierre de piscina es tan importante como su apertura
Solemos poner mucho cuidado en la apertura de la piscina en primavera, pero el cierre en otoño es igual de importante. Durante los meses fríos, la piscina queda sin uso, pero eso no significa que esté “parada”: el agua, los materiales del vaso y los equipos siguen expuestos a cambios de temperatura, humedad y suciedad. Prepararla bien ahora te ahorra tiempo, dinero y disgustos cuando vuelvas a abrirla.
De hecho, muchos de los problemas que vemos en primavera —gresite suelto, pequeñas grietas o zonas con humedad— tienen su origen en un invierno mal gestionado, no en un fallo puntual de la piscina.
Empieza con una limpieza a fondo
Antes de cerrar la piscina, dedica tiempo a una limpieza completa:
- Retira hojas, ramas y suciedad del fondo y de la superficie.
- Cepilla bien las paredes para evitar que queden restos que favorezcan la aparición de algas durante el invierno.
- Limpia y vacía los cestos del skimmer y revisa el prefiltro de la bomba.
Cuanto más limpia quede la piscina antes de cerrarla, menos trabajo tendrás al abrirla de nuevo. Además, una piscina limpia te permite ver con claridad el estado real del vaso, algo que con suciedad acumulada es mucho más difícil de apreciar.
Revisa el estado del vaso: fisuras, gresite y juntas
El final del verano es el mejor momento para hacer una revisión visual del vaso. Fíjate en si hay gresite suelto, pequeñas grietas o juntas que se han abierto durante la temporada de uso. Detectar estos problemas ahora, con la piscina todavía accesible y sin las exigencias del uso diario, te permite planificar con calma una reparación o, si el desgaste es más general, una impermeabilización antes de que llegue de nuevo el calor.
Dejar estos problemas “para la próxima temporada” suele salir más caro: una grieta pequeña que pasa todo el invierno expuesta a cambios de temperatura tiende a agrandarse. Si durante esta revisión no tienes claro si lo que ves es un problema puntual o algo más serio, te puede ayudar nuestro artículo sobre cuándo reparar una piscina y cuándo es necesaria una impermeabilización completa, donde explicamos cómo diferenciar ambos casos.
Equilibra el agua y protege los equipos
No es recomendable vaciar la piscina para el invierno, salvo que vayas a hacer una reparación que lo requiera. Lo habitual es mantener el nivel de agua y equilibrar sus parámetros antes de cerrarla, para evitar que se degrade durante los meses de frío. Un pH descompensado o un exceso de materia orgánica en el agua favorecen la aparición de algas y complican mucho la puesta a punto en primavera.
También es el momento de vaciar y proteger bombas, filtros y calentadores, dejándolos secos y guardados en un lugar seco. El agua que queda estancada en tuberías y equipos durante el invierno es una de las causas más habituales de averías cuando se vuelve a poner en marcha la instalación en primavera.
Cubre la piscina correctamente
Una cubierta protectora evita que se acumulen hojas y suciedad, reduce la evaporación del agua y actúa como barrera frente a los cambios bruscos de temperatura. Es uno de los pasos que más tiempo te ahorra de cara a la próxima apertura. Elige una cubierta bien ajustada al perímetro de tu piscina: si queda holgada, permite que entren hojas y suciedad, restando parte de su utilidad.
Errores comunes al cerrar la piscina
Hay algunos fallos que se repiten temporada tras temporada y que conviene evitar:
- Cerrar la piscina con el agua desequilibrada, lo que favorece la proliferación de algas durante el invierno.
- No revisar el vaso antes de cubrirla, dejando pasar meses una grieta o un desprendimiento que podría haberse solucionado a tiempo.
- Guardar los equipos sin secarlos bien, lo que acelera su desgaste y puede provocar averías.
- Usar una cubierta en mal estado o mal ajustada, que no cumple su función de protección.
Aprovecha el otoño para planificar una reparación o impermeabilización
Si durante la revisión has detectado que tu piscina pierde agua, tiene grietas o el gresite está deteriorado en varios puntos, otoño e invierno son la mejor época para actuar. Al no estar en uso, se puede intervenir sin prisas y sin que afecte a tu temporada de baño, de forma que en primavera tu piscina esté completamente lista.
Si al revisar tu piscina detectas algo que se sale de una simple limpieza de cierre, lo mejor es que lo consultes con profesionales antes de que llegue el frío. Puedes ponerte en contacto con nosotros y te ayudamos a valorar el estado de tu piscina, para que la abras el próximo verano sin ningún problema.


